10 momentos inolvidables: Altagracia Mercedes Jiménez Almánzar (Doña Tatá), maestra por 29 años en la escuela de Guazumal,Tamboril, comparte sus recuerdos

“No sabré pintar mucho, pero algo sé, porque a mí fue que mi hijo salió” 
Altagracia Mercedes Jiménez Almánzar (Tatá) nació en Sabana Grande, Guazumal, en el municipio de Tamboril, bajo la sombrilla de una humilde familia marcada por la tragedia de un incendio que les dejó en la calle y luego por la separación de sus padres, cuando solo era una niña. Contrajo matrimonio, pero enviudó cuando su único hijo, José Mercader, tenía un año y medio de nacido. Fueron puntos tristes en su vida, pero esos golpes no la detuvieron en sus deseos de superación. 


Se superó, y sus mejores años los dedicó a la docencia, 29. Fue jubilada en el último centro educativo en que laboró por 23 años, en la comunidad de Guazumal. Es una pintora autodidacta que plasma en cartulinas coloreadas el rostro de patriotas, personajes de la política dominicana, paisajes y otros temas de la historia que han servido para decorar las paredes de los centros educativos en los que laboró, y de otros tantos, a solicitud de profesoras que conocen su talento. Es la madre de José Mercader, el caricaturista de elCaribe, de quien dice que heredó sus dotes, aunque reconoce que la superó. Doña Tatá tiene 88 años, dentro de poco 89, y además de seguir dedicando tiempo a la pintura, también lee y ayuda a su hermana, con la que comparte las tareas cotidianas. “No sabré pintar mucho, pero algo sé, porque a mí fue que mi hijo salió”. Así presume al referirse a su hijo José Mercader, caricaturista de este medio.



1. Origen
Nací un nueve de octubre de 1927, donde le decían Sabana Grande Guazumal, en la carretera que ahora le llaman El Jobo y que une a Tamboril con Gurabo. Vivía con mi madre, mi padre y dos hermanos. Pero, ¿sabes qué pasó? La casa donde vivíamos se quemó, yo estaba muy pequeña y esa fue una gran desgracia para la familia. Nos quedamos sin nada, por suerte no nos pasó nada, porque no estábamos en la casa, pero nos fueron a avisar. Nos establecimos en Guazumal y luego donde vivimos hoy. Era una casita que hemos mejorado con el tiempo.



2. La docente
Había muy pocas escuelas, la única que había era de Blasina Betemit, donde logré formarme y adquirí los conocimientos que más tarde transmitiría a los que fueron mis alumnos de la escuela en esta comunidad de Guazumal. Trabajaba con tres cursos, del primero al tercer grado. Había mucha escasez de maestros, por lo que un inspector me preguntó cómo podía con tantos alumnos y luego me mandó un ayudante. ¿Tú sabes cómo le decían a esas escuelas? “Escuelas de emergencia”, por las limitaciones que había, pero dos años después construyeron una mejor. Ganaba 18 pesos, justo lo que ganaba un guardia. Luego subieron a 25, y luego de 29 años me jubilaron con algo más de cien pesos, en el gobierno de Salvador Jorge Blanco. Aunque todavía se considera que el salario del maestro es bajo, hay que hablar la verdad, el único gobierno que aumentó los sueldos fue el de Leonel Fernández y ahora Danilo Medina. Las pensiones eran muy bajas. Ahora estamos mejor.



3. Responsabilidad
Trabajé con niños de primero, segundo y tercer grados de la primaria. Las escuelas de aquí solo llegaban hasta el octavo grado. Me vi muy forzada en esa época, demasiados niños para un solo maestro. Hoy las cosas han mejorado, por la cantidad de escuelas que se han construido. Todavía se escuchan las quejas de cursos sobrepoblados de hasta 50 alumnos y eso es mucho para un solo profesor.



4. La educación de hoy
Se han tenido muchos avances, hay maestros que se preocupan, pero otros son descuidados. También hay muchos niños a los que les compran muchos libros y uno los ve en los patios botados. No estudian, o estudian poco, y eso es por falta de que los padres los motiven o les pongan más carácter para que sus hijos se superen. Hay padres que los dejan por su cuenta, que hagan lo que ellos quieran. Hay otros que se preocupan por ellos y estos son los que realmente aprenden.



5. Casada y soltera
Me casé una sola vez y mi esposo murió cuando mi hijo tenía año y medio. Ese fue un duro golpe. Pasé por muchos momentos amargos, pero tenía la obligación de seguir adelante para garantizar la estabilidad de mi hijo pequeño y además continuar con mi tarea como educadora. Tenía una hermana que junto a su esposo tenían un negocio en Santiago y se llevó a mi hijo José para allá. Quería que él se superara. Yo me quedé aquí con la responsabilidad de ir a la escuela y cuidar un hermano con problemas de salud. Me iba a la escuela y la vecina me ayudaba con la tarea del hogar. Le dejaba de lo poco que ganaba para que me guardara de comer.



6. La maternidad 
He sabido llevar mi vida como Dios me ha ayudado. Apoyé e impulsé a mi hijo en todo lo que pude. Mis recursos eran muy limitados, pero poco a poco el muchacho se fue entrenando para la vida. Me ha salido un buen muchacho. Siempre ha estado cerca de mí. Viaja, va por el mundo, pero siempre está pendiente. Ahora lo tendré más cerca de mí, pues levanta una casa, aquí mismo en el patio, donde tendrá su taller para seguir cultivando su arte como caricaturista y pintor. Al igual que yo, también tengo un lugar para pintar. A eso me dedico desde que dejé de impartir docencia. No puedo hacer muchas cosas. Estoy operada de una pierna por problemas de osteoporosis, pero aún puedo barrer el patio, lo hago todos los días. 



7. Desprenderse de un hijo
Mi hijo estudiaba en la escuela Sergio A. Hernández, de Tamboril, pero a los nueve años lo mandé a la casa de mi hermana, él tenía nueve años. Ella lo puso en la escuela Benigno Filomeno Rojas, centro educativo que hoy es parte del patrimonio de Santiago y que está ubicado frente a la Catedral Santiago Apóstol, en el corazón del centro histórico. Después se fue a la capital a estudiar en la UASD, donde inició la carrera de Ingeniería y la dejó. Se dedicó a la pintura e inglés. Luego le dieron una beca para estudiar bachillerato en California. Cuando se casó con su primera esposa, puso una escuela de inglés en Santo Domingo.



8. En el arte
No sabré pintar mucho, pero algo sé, porque a mí fue que mi hijo salió. ¿Quiere que le enseñe? ¡Le voy a mostrar!, este es Gregorio Rivas, fundador del primer ferrocarril dominicano, en 1987. Fue diez años después que fundaron el de Santiago a Moca y de Moca a Puerto Plata. Pinto de todo un poco. Aquí tengo a Luperón cuando era niño, quien pasó mucho trabajo. Yo tengo un paquete de libros que José me trajo de la capital con imágenes de presidentes y otros personajes. A todos los he dibujado. También invierto tiempo en la lectura, siempre he sido una aficionada de la lectura, sobre todo de historia. Me operaron hace 10 años de la vista, pero puedo ver las letras con claridad y no uso lentes. 



9. Propuesta 
Una vez, las monjas del Colegio Sagrado Corazón de Jesús me dijeron que me contratarían para hacer estos dibujos, pero le contesté que ya no tenía edad ni fuerzas para ir a realizar esta tarea, aunque les dije que sí podían contar conmigo para ayudarlas desde la casa. He colaborado con otras escuelas, a las que he regalado mis dibujos para ilustrar las clases de historia. Algunos de mis trabajos están colgados en paredes de los llamados rincones de ciencias de algunas escuelas. 



10. Vivencias
Eran tiempos difíciles los que vivimos. No habían las facilidades de hoy día. Pero uno de los más duros fue cuando tuve que ir como maestra sustituta a Carlos Díaz, distante a más de 10 kilómetros de donde vivo, y aunque inicié el recorrido a pies, alguien me ofreció un mulo para continuar el camino. No se usaban los motores y para allá no subían los pocos carros de la época. Era una recua de mulos que iban a buscar café a un lugar que le decían Los Factores, propiedad de Felipín Reynoso. Eso sí, que llegué agotada al lugar. La pasé mal, no se me quitaron los dolores del cuerpo, esos mulos matan gente. Aunque la misión era por tres meses, solo pude durar una semana. Yo dije: esto no va conmigo, y retorné, fue una tarea muy dura que solo la vocación de una maestra podía tolerar. Después de eso, fui a una escuela de Pontezuela a cubrir una licencia de tres meses, también distante de la casa.

Respeto
Sentí mucho respeto por el presidente Antonio Guzmán y luego me convertí en seguidora de Leonel Fernández y ahora de Danilo Medina”.

Reconocimiento
Ha surgido un movimiento que ha planteado que el centro educativo que se construye en Guazumal, lugar al que dediqué 29 años de mi vida y en el que pude educar a cientos de niños, lleve mi nombre. No lo he solicitado, pero si lo hacen, me sentiré muy feliz.


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